La cortactin parece ser oncoproteína clave para entender la infección por Helicobacter pylori, según asegura un trabajo que se publica en Cell Host and Microbe.
El hombre es el huésped natural de Helicobacter pylori. Esta bacteria se encuentra en la superficie de las células gástricas y es la primera declarada agente carcinógeno tipo I por ser la causa del 63% de los cánceres de estómago.
Helicobacter posee un sistema de secreción tipo IV, que actúa como una «jeringa» inyectando proteínas en las células del huésped. Una de estas proteínas es CagA, que es el principal factor de virulencia. CagA, una vez translocada al interior de las células epiteliales gástricas, inicia un complicado «programa de señalización» que conlleva la alteración de varias rutas celulares. En ensayos in vitro, el modelo de estudio más usado es la infección de líneas gástricas como las células de adenocarcinoma gástrico o células AGS. La infección de dichas células con la bacteria provoca disgregación de las células originando un fenotipo denominado de colibrí ó «hummingbird».
Este estudio,
dirigido por el profesor Steffen Backert, del National College of
Ireland, y en el que han colaborado expertos de varios campos ahonda en
la participación de una proteína del huésped, denominada cortactin en el
fenotipo de hummingbird, también denominado «cell scattering». El grupo
de Narcisa Martínez Quiles, de la Universidad Complutense,
ha colaborado activamente en este estudio que se inició en el 2006.
Cortactin es una oncoproteína que regula el esqueleto de la célula ó
citoesqueleto. Cortactin regula la adhesión y la migración celular.
Esta proteína es necesaria, por ejemplo, para la formación de las
invadopodias, que son unas protusiones de la membrana que penetran la
matriz extracelular degradándola y son fundamentales en determinados
procesos de metástasis.
Manipulación molecular
Los
resultados del estudio revelan información acerca del modo en el que
Helicobacter manipula, a nivel molecular, las modificaciones de
cortactin, promoviendo la fosforilación de cortactin en serinas e
inhibiendo, al mismo tiempo, su fosforilación en tirosinas. Además se
demuestra que la infección con el patógeno promueve la interacción de
cortactin con la quinasa de adhesión focal (FAK) activándola. FAK es actualmente una posible diana terapéutica en tratamiento de varios tipos de cáncer.
Cortactin,
al ser una proteína esencial en el control del citoesqueleto es diana
de varias bacterias patógenas, aparte de Helicobacter. El grupo de
Martínez Quiles ha demostrado cómo la adhesión de la bacteria Escherichia coli enteropatógena (EPEC), muy relacionada a la causante del reciente brote mortal de E. coli en Alemania (EHEC) también manipula a cortactin.
Por
ello la repercusión del estudio no se limita solamente a Helicobacter y
a otras bacterias sino que abre nuevas cuestiones que se estudiarán en
diversos campos, tales como la migración y adhesión celular, componente
esencial de las metástasis tumorales.
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