El consumo crónico de alcohol puede producir lesión hepática, y existe una correlación muy estrecha entre la tasa anual de mortalidad por cirrosis y el consumo de alcohol. En España, el consumo de alcohol es uno de los más elevados del mundo y la mortalidad por cirrosis ha aumentado de manera paralela al incremento del consumo de alcohol en los últimos años.
Las enfermedades causadas por el consumo crónico de alcohol son:
Se caracteriza por la existencia de áreas de necrosis (muerte) celular, con un infiltrado inflamatorio. Los hepatocitos son grandes y en su interior se observan agregados de un material homogéneo que reciben el nombre de hialina alcohólica o cuerpos de Mallory.
El cuadro clínico de la hepatitis alcohólica es amplio y comprende desde formas sin síntomas hasta formas fulminantes con insuficiencia hepatocelular. Suele cursar inicialmente con astenia, pérdida de apetito, náuseas y vómitos. Al cabo de pocos días aparece dolor abdominal derecho, ictericia y fiebre. El hígado está agrandado y doloroso.
La mortalidad inmediata de la hepatitis alcohólica oscila entre el 10 y el 25 % de los casos.
Con frecuencia, los alcohólicos presentan lesiones semejantes a las de una hepatitis vírica crónica, pero el hecho de que se recuperen tras la supresión de la ingesta de alcohol indica que la causa de la enfermedad es el alcohol. No tiene unas características clínicas definidas y en general se detecta al practicar una biopsia hepática.
Presenta las mismas manifestaciones clínicas que la cirrosis de cualquier otra etiología. La evolución de la cirrosis alcohólica es variable, pero la supervivencia suele depender del abandono o no del consumo de alcohol. Existe una mayor supervivencia y un retraso en la aparición de complicaciones en los cirróticos que dejan de beber.
En los pacientes que presentan un rápido deterioro tras un periodo de estabilidad debe considerarse la posibilidad de que hayan desarrollado un carcinoma hepático.