La
intolerancia a la lactosa es una afección intestinal que afecta a la correcta digestión de la lactosa
(el azúcar natural de la leche).Esto se debe a una deficiencia en la enzima
encargada de separar la lactosa en dos azúcares simples (glucosa y galactosa)
durante la digestión. Esta enzima digestiva se llama lactasa.
Si
la lactosa no es desdoblada en los dos azúcares simples y llega entera al
intestino, el organismo no puede absorberla ni asimilarla, provocando: gases,
malestar, diarrea y problemas intestinales.
ada de romper la lactosa (azúcar natural de la leche) y separarla en los monosacáridos constituyentes (glucosa y galactosa son los más comunes).
Los síntomas más frecuentes asociados a la intolerancia a la lactosa son:
- Dolor abdominal
- Gases
- Diarrea
- Inflamación
- Calambres
Para las personas con este tipo de intolerancia, es muy recomendable la toma de productos sin lactosa o bajos en lactosa. De este modo sus molestias se reducirán en gran medida.
También se recomienda la terapia de sustitución de lactosa.
Existen 3 técnicas utilizadas para la detección de esta patología:
- TEST DE AIRE ESPIRADO: Es una técnica no invasiva y fácil de realizar. Consiste en medir
la producción de hidrógeno, metano y dióxido de carbono del aliento tras la ingestión de lactosa (la cantidad ingerida varía según cada persona). Estos gases estarán aumentados en las personas con déficit de lactasa como conseuencia de la fermentación bacteriana o malabsorción de lactosa.
- Test de tolerancia a la lactosa.
- Biopsia de intestino delgado.
La intolerancia de lactosa no debe confundirse con el síndrome del intestino irritable y se que exige un diagnóstico diferencial ya que los síntomas pueden ser los mismos. El test de hidrógeno espirado ayuda a diferenciarlos.
También hay que diferenciar entre intolerancia a la lactosa y alergia a los componentes de la leche. Aunque en este último caso suelen producirse manifestaciones cutáneas y respiratorias.